En esta pequeña crónica se quiere plasmar cómo cambió la vida, sobre todo desde últimos de 1.800 al 2021 actual.
En aquel tiempo nuestros antepasados no tenían nada en su día a día, como la electricidad, el agua corriente, la sanidad o el transporte. Unos abuelos de entonces, con dos hijos se sentían alegres. Cada despertar se miraban, cogían cada uno un bebé y decidían las labores del día, pues todo era a mano y aún así, paraban un poco, cambiaban impresiones, se hacían una caricia y volvían a la faena.
En cambio unos abuelos con doce hijos, que había muchos, no podían más que pensar en la comida siguiente, pues la tierra producía poco y dinero para comprar no había y además tenían otro problema, “la vivienda”, pues necesitaban una grande. Ahí empezó el uso del hórreo para dormir, además de guardar manzanas, cebollas y patatas, únicos que resistían un tiempo.
Con tan poco era felices y sus hijos les daban alegrías, los mayores cuidaban de los pequeños y su ropa y calzado se reutilizaba en los bebés.
Esto nos demuestra que para vivir contentos no tenemos que ser egoístas, sino sencillos, desear salud para toda la familia y aún sin lujos, nos dará un mejor día a día para todos, así lo deseo.
Por siempre a la humanidad.
Angelita Rea
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