El macho tiene que construir uno o varios nidos antes del emparejamiento, y se los enseña todos a la hembra, y ella elige el que más le gusta, terminando de arreglarlo con plumas. Pero el macho no pierde el tiempo y cuando la hembra ya está criando los huevos, éste se dedica a buscar más hembras para los otros dos o tres nidos que también construyó.
Los nidos son esféricos, hechos de musgo, hierbas, pequeños tallos y hojas, todo ello, perfectamente entrelazado y con un estrecho orificio de acceso.
Una pequeña obra de arte que asombra en la naturaleza que nunca deja de sorprendernos, y aquí os dejamos, con la recomendación de “mirar y no tocar”
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